El bastón de mando es un instrumento del poder, creado para significar, para simbolizar con la mayor eficacia posible este mensaje, transformándose en un indicador indiscutible de la fuerza. No posee otra utilidad, y los grandes señores americanos los usaron para expresar frente a sus semejantes, su poder. Son piezas emblemáticas, diseñadas para ser mostradas en situaciones de gran congregación social, para que comuniquen el prestigio y la jerarquía de su dueño. Hechas para ser exhibidas en público, para indicar a los semejantes y a los extraños que el poder está en manos del que las porta.
Por lo general, los símbolos que contienen los bastones están asociados a seres poderosos: animales, hombres o dioses; entidades que ejercen su fuerza dominadora sobre aquellos que los rodean. El ciervo no parece ser la forma ideal para la representación de un hombre políticamente poderoso; no es un animal que sugiera para un observador externo a la cultura Chimú una asociación necesaria con las altas jerarquías. Es un animal vulnerable, sometido siempre a la presión de sus posibles depredadores humanos o animales. En la cerámica chimú encontramos ciervos maniatados, prisioneros de algún cazador. Es éste un animal susceptible de sufrir la acción de otro, y de sufrir la dominación de alguien más fuerte que él. El cetro no está representando en este caso un símbolo que por sus atributos exprese el poder de los fuertes, sino que todo lo contrario, está simbolizando a la presa. El que posee el cetro es un cazador de ciervos. El poder está expresado por los símbolos del cetro en sus efectos sobre los demás. No se asocia a la causa del poder –el ejercicio de la fuerza- sino a la sujeción de los débiles o inferiores a una voluntad superior, la voluntad de los señores chimú.
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