La curiosa postura del personaje ubicado en el borde superior de la pieza: un individuo acostado, con sus pies en una posición anatómica imposible, parece dominar el conjunto de la representación. Se trata posiblemente de un músico por su actitud de soplar una flauta o trompeta. Como en otras cabezas de bastón de factura similar, esta pieza exhibe varios cascabeles metálicos que, en esta oportunidad, acompañan o complementan la significación de la figura central.
Entre las descripciones más tempranas realizadas por los primeros invasores europeos, destaca la importancia que tenía la posesión de trompetas como emblemas que permitían el ejercicio de los gobernantes. Al parecer habrían formado parte de la compleja parafernalia ritual que todo dirigente debía poseer para asegurar ser reconocido como autoridad legítima y ser obedecido por su comunidad. Quiénes portaban estas trompetas tenían la obligación de soplarlas al paso de los gobernantes. Eran grupos de músicos quiénes junto a escanciadores rituales de bebidas (llamados "botilleros" o taberneros" por los españoles), debían acompañar constantemente a las autoridades formando parte imprescindible de su séquito. Esto se ve reflejado, entre otras cosas, en la descripción de los importantes dignatarios que acompañaban a Naimlap, el héroe mítico fundador de los señoríos de Ferreñafe y Lambayeque, en la costa norte peruana. Entre tales dignatarios, se menciona a quienes estaban encargados de las trompetas y de las bebidas.
Por otra parte, las posibilidades de crear determinadas significaciones a partir de las formas de producción de los sonidos y de las tonalidades musicales de los instrumentos, es otra de las vertientes que requieren ser analizadas. En la iconografía prehispánica, los instrumentos de viento aparecen siempre asociados a lo masculino, en tanto que algunos instrumentos de percusión (los pequeños tambores o tinyas altiplánicas, por ejemplo) están vinculados a lo femenino. |