Esta botella Moche Temprano representa una serpiente con rasgos felínicos, como puede observarse en su boca provista de dientes, grandes colmillos y bigotes. Este tema es herencia de Chavín, al igual que el grueso reborde del gollete del asa estribo, que luego se transforma en un cuello cada vez más fino.
En el arte Chavín y Tiwanaku, existe una estrecha vinculación entre la serpiente y el felino, especialmente en el personaje de los dos cetros.También es frecuente esta asociación entre los Moche –particularmente en sus fases más antiguas- pero bajo una configuración más naturalista. Existe una leyenda andina que señala que en el mundo de Adentro o Ukupacha, andan dos gigantescas culebras, una con una sola cabeza, Yacu Mama que es la madre de las plantas. Cuando estas serpientes aparecen en la superficie de la tierra –este mundo o Kay Pacha- se convierten en inmenso río o Yacu Mama o en gigantesco árbol o Sacha Mama; el primero repta y el otro camina verticalmente. De pronto, ascienden al firmamento y entonces Yacu Mama se convierte en el rayo o relámpago y Sacha Mama en el arcoiris. Como seres meteorológicos son objetos de culto, representándoseles muchas veces con cabeza de felino. En la actualidad, la práctica del curanderismo está vigente en la costa norte del Perú, especialmente en el valle de Trujillo, núcleo de la cultura Moche. Los curanderos usan una “mesa ritual” en la que disponen una serie de objetos, entre ellos una serpiente que representa un concepto de balance. Conciben a la serpiente como un mediador entre fuerzas opuestas, que se activan por la mesa.
En la mitología andina, la serpiente del rayo –llapa- es positiva cuando envía al agua, pero si cae a la tierra y fecunda a una mujer o a los animales, procrea seres deformes, los que sugerentemente son ampliamente representados en las esculturas cerámicas Moche. Asimismo, en la iconografía de este pueblo los seres con colmillos –que pueden en ocasiones representar chamanes- usan a menudo ornamentos de serpientes en las orejas o en el cinto.
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