
Hace unos 7.000 años, un grupo de sencillos pescadores del litoral de Arica desarrollaron una sorprendente tecnología funeraria. Conservaban a sus muertos mediante un complejo procedimiento quirúrgico que reemplazaba las partes blandas del cadáver por ramas, vegetales y barro.
La técnica de momificación artificial de las gentes de la cultura Chinchorro es 2.000 años más antigua que la egipcia. A diferencia de ésta, reservada sólo a los altos dignatarios, la del litoral ariqueño se aplicaba a personas de cualquier edad, sexo y condición social.
Aunque el esfuerzo de conservación sugiere la creencia en un tránsito muy especial hacia la otra vida, también es posible que haya sido un medio para incluir a los muertos en las ceremonias de los vivos. De hecho, muchas momias muestran haber sido reparadas, evidenciando que en más de una ocasión fueron desenterradas y utilizadas para algún propósito ceremonial.
Hoy sabemos que esta tradición funeraria perduró unos 3.500 años entre las comunidades que habitan las costas del sur del Perú y norte de Chile, período durante el cual la técnica fue experimentando cambios.
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