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En la exhibición Pescadores de la Niebla: Los Changos y sus ancestros se exhibe en una vitrina este esqueleto de un antiguo pescador y sus pertenencias.
Procedente del Museo Histórico Natural de Mejillones, fue un hombre que falleció de un accidente aproximadamente a los 50 años en la terraza marina de Las Loberas, en un sitio de la península Mejillones, en la Segunda Región.
Esto sucedió hace unos 1500 años atrás. Era también cazador de lobos marinos, y fue sepultado en la arena junto a otros tres miembros de su comunidad, con su cuerpo envuelto en pieles de pelícano, cerca de un acantilado.
En su ajuar funerario los investigadores encontraron diversos tipos de anzuelos, algunos fabricados con espinas de cactus dobladas al fuego, un par de finos rollos de lienza de algodón, y un chinguillo. También lo acompañaban sus instrumentos para cazar ballenas y lobos marinos y para salir a pescar. Eran cabezales de arpones con vástagos de hueso, cuchillos enmangados con puntas de piedra, contenedores de valvas de choro y un largo madero que fue quebrado para depositarlo en la tumba, correspondiente posiblemente a un remo o asta de arpón.
La ausencia de caries y el excesivo desgaste de su dentadura -provocado al mascar la arenilla que viene en los moluscos- son característicos de una dieta esencialmente marítima.
Sus patologías degenerativas, según según los estudios bioantropológicos a los que fue sometido el individuo, podrían estar asociados a su actividad de cazador – pescador. El esqueleto tiene desgastes en las articulaciones de codos y caderas y lesiones en sus vértebras lumbares, posiblemente provocadas por una caída de gran altura, a la que sobrevivió con grandes dolencias y limitaciones..
También forman parte de su ajuar funerario dos vasijas negras pulidas y un fino cesto decorado. Las cerámicas y la cestería pertenecen a culturas del interior del desierto atacameño, lo que demuestra que existió una estrecha relación de intercambio entre ellos y los pueblos costeros
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