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En la actual exposición Pescadores de la Niebla, Los Changos y sus Ancestros el Museo exhibe una balsa de cuero de lobo marino inflado que llama la atención de los miles de visitantes.
Este original aporte de los pueblos de la costa del norte de Chile a la historia de la construcción naval, también despertó la curiosidad de los cronistas españoles del siglo XVI “por ser nueva manera que no se ha visto en otras partes”.
Según José Berenguer, curador de esta exhibición, existen varias descripciones y una abundante iconografía histórica de esta época, que nos permite conocer el diseño básico de esta embarcación, que fue usada desde Islay en Perú hasta la desembocadura del río Bío Bío en Chile.
Berenguer agrega que este tipo de nave comenzó a ser fabricada hacia el siglo V y se mantuvo en uso hasta bien avanzado el siglo XX.
La embarcación en exhibición pertenece al Museo Arqueológico de La Serena y fue fabricada en la década de los sesenta, a petición del destacado arqueólogo Hans Niemeyer, por Roberto Álvarez de Caleta Chañaral de Aceituno. El fue uno de los últimos pescadores que conservó la tradición de cómo armar este tipo de balsa. Mide 2,7 metros de largo y 1,07 de ancho y consiste en dos odres inflados
dispuestos en forma convergente hacia la proa, hechos con cuero de lobo marino, unidos con espinas de cactus e impermeabilizados con una mezcla de arcilla y aceite de lobo. Un entramado de madera, firmemente amarrado con cuerdas a los flotadores, proveía una cubierta para los tripulantes donde se podía acomodar la carga.
Berenguer añade que la arqueología ha recuperado claras evidencias del uso de estas balsas en el norte de Chile. Señala que los investigadores han encontrado restos de flotadores en varios sitios arqueológicos y muchos ejemplares de copuna, dispositivo usado para inflar las balsas de cuero de lobos, fabricado con un hueso largo de alcatraz y una tripa de lobo de mar que soplaba el tripulante cuando la balsa se desinflaba.
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